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Convivencia, participación y ciudadanía.
Todas las personas “convivimos con otros”: compartimos espacios y recursos físicos, sociales o simbólicos y las instituciones educativas, en cualquier nivel y modalidad, constituyen lugares donde las relaciones interpersonales se desarrollan singularmente, atravesadas a su vez por procesos de enseñanza y aprendizaje. Esta singularidad, que también se desarrolla en los espacios de enseñanza, se expresa en el proceso de construcción de la identidad personal y social que viven los niños, niñas y adolescentes a lo largo de su experiencia educativa.
En la vida escolar, todos los actores de la comunidad educativa participan de vínculos diferenciales sujetos a asimetrías variables en lo personal, en lo grupal y en lo institucional, que inevitablemente impactan en el logro de aprendizajes, en la calidad de los mismos y en la integración de niños, niñas y adolescentes a la sociedad. Por ello, la convivencia es parte central del proceso educativo y como tal debe trabajarse para construir relaciones de intercambio y reciprocidad que permitan una vivencia educativa estructurada sobre la base del diálogo, del sentimiento de pertenencia y de justicia y del respeto entre sus integrantes.

El desafío es claro. Supone asumir que el problema de la diferencia, la desigualdad y el conflicto que forman parte del vínculo social y de sus desencuentros. Así, el malestar, la ruptura de las relaciones de confianza, el abuso de poder, la violencia o la negación no aparecen como fenómenos “extraños”, “externos” sino como resultado de conflictos probablemente mal resueltos pero nunca inexplicables o irracionales.

Si nuestras instituciones educativas constituyen lugares de convivencia ciudadana donde se aprende a ejercer plenamente los derechos democráticos, no caben dudas acerca de la necesidad de trabajar o impulsar iniciativas que, en forma coordinada, favorezcan el logro de estos aprendizajes. Visualizamos en este programa al “conflicto” como parte constitutiva de la vida social, del crecimiento y del desarrollo. Aunque frecuentemente se lo asocia a lo “negativo”, también constituye una oportunidad para el cambio, mediado por el análisis y replanteo de lo que le subyace.

 

Los objetivos
A partir de esta concepción proponemos desarrollar dos líneas de acción. Una línea orientada a fortalecer climas institucionales propicios para la acción educativa que promuevan la convivencia democrática. Una segunda línea, orientada a la promoción y fortalecimiento de la participación de los integrantes de la comunidad educativa, colaborando en la creación y regulación de la vida institucional.
La propuesta de trabajo concebida como parte de las acciones centrales para el período 2010-2014 del Consejo Directivo Central de la Administración Nacional de Educación Pública incluye la generación de conocimiento sobre convivencia y participación en todo el sistema educativo. Asimismo, en consulta con los Consejos Desconcentrados, busca impulsar y consolidar acciones acordes a los objetivos mencionados.
En suma, a través del desarrollo de conocimiento y de las acciones previstas el Programa espera:

• Contribuir a que el centro educativo sea vivido como un espacio de convivencia democrática y de aprendizajes, esto es, espacio de goce pleno de los derechos de niños, niñas y adolescentes.

 • Fomentar la participación de todos los integrantes del sistema educativo en la construcción de los acuerdos de convivencia.

Descargue aquí nuestro documento de difusión.